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ECB, Revista digital

Algo más que Historias.

TURISMO POR EXTREMADURA

Una aventura de Tania Navarro, nuesta "Tanuka"

Madroñera es un pueblo de unos 3.223 habitantes, situado a 62 Km. de Cáceres. Cuando uno está llegando al municipio, se pueden apreciar las numerosas casitas situadas entre las montañas, ya que está rodeado por sierras, como los Cerros de Trujillo, Pedro Gómez y las Sierras de Arriba. El lugar cuenta con la presencia del arroyo Magasca y su afluente el Crecederas, que surcan los montes llenos de encinas, alcornoques, pinos y numerosos arbustos como la jara.

Me encanta pasear por este sitio. La tranquilidad que se respira, la gente que habita en él, las costumbres que aún siguen viviendo entre los madroñeros... Nada tiene que ver con el estrés que se suele sufrir en la capital de España. Por eso, cada vez que tengo un hueco, voy a visitar este pueblo, en el que mis abuelos, mi madre y mis tíos se criaron. En todas las casas, menos en las nuevas construcciones de los últimos años, no hay calefacción, ni tampoco aire acondicionado, pero no hace falta. En invierno toda la familia está colocada alrededor de la mesa en la que está el “brasero”, sonde las ascuas nos calientan, y en verano, no se pasa calor, ya que la casa conserva el frío de la noche. Antiguamente tampoco había neveras, como en todos los lugares de la península, y para conservar la comida en su punto, utilizaban las “fresqueras” (habitación pequeña de la casa, construida especialmente para conservar los productos frescos).

En casi todos los hogares, la gente tiene su corral, donde en tiempos pasados tenían animales, como burros, gallinas, etc. Y también un huerto, donde se cultivan sus propios alimentos, ya sean limones, ajos, cebollas, laurel, tomates... y un largo etcétera con todo lo que os podéis imaginar. Por supuesto, hace cuarenta años no existían las lavadoras en todos los domicilios como ocurre actualmente, por lo que nuestras abuelas, tanto la mía como las de todos vosotros, tenían que lavar a mano. ¿Dónde? En el pilón, y con jabón que ellas mismas fabricaban. Qué dolor de brazos tendrían que pasar las pobres mujeres...

Es muy curioso ver que en los tiempos que corren, hay un comercio pequeño, donde hay dos pequeñas tiendas de empresas repartidas por todo el país, pero también está la “tienda de ultramarinos” de toda la vida. A la señora Neme, la conoce todo el pueblo, porque es la que vende de todo: desde carne, a productos de limpieza, carbón o pan. Una de las cosas que más me gusta de allí es el pan: es muy rico, incluso si lo pruebas al día siguiente, aún está blandito y como recién hecho. Como con el pan ocurre con montones de cosas, hechas como se hacían hace bastantes años... Pero en fin, tenemos que modernizarnos, y más ahora, que estamos metidos de lleno en el mundo de las nuevas tecnologías.

Pero sea como sea, no debemos olvidar nuestros antepasados, cómo era la vida antes y como sigue siendo en muchos y muchos pueblos de la península...

 

Texto y fotos: Tania Navarro “Tanuka”

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