Como la mayoría de españoles por estas épocas, me he ido unos días de vacaciones para desconectar un poco y cambiar de aires. He decidido ir a lo de casi todos los años: a la playa. Será que vivo en Madrid por lo que me gusta tanto, ya que como dice aquella famosa canción... " pero al llegar agosto vaya vaya, aquí no hay playa". Y es cierto, no la hay. Pero mira, pensándolo bien, creo que es mejor así, porque si viviera en una zona de playa no me llamaría tanto la atención. Además, no sé si estaréis de acuerdo conmigo o no, pero creo que en invierno debe ser muy triste. La gente escoge el verano para viajar a la costa y no sé, creo que en invierno debe estar demasiado vacío...
Bueno, me estoy enrollando bastante. Este año he elegido Salou para despejarme. El apartamento era de lo mejor, con su aire acondicionado, sus televisiones, su cocina, su salón, sus cuartos de baño y su terracita. Bueno más bien terrazota. Y lo mejor: con vistas a la playa. Sólo bastaba cruzar la carretera y ahí estaba el mar. El primer día llegué bastante tarde, fue mi primer viaje largo en coche y lo tomé con mucha tranquilidad. Cuando aparqué, saqué el equipaje, lo llevé hasta el apartamento, lo investigué un poco y me fui directa a la playa. Metí un poco las piernas hasta las rodillas y vi que aún había gente que estaba dentro del agua. Yo no me atreví, porque aunque no estaba nada fría, ya era algo de noche, y temía encontrarme algún animalillo... Pero al día siguiente, me levanté más o menos pronto y pasé casi todo el día en la playa. Conocí el lugar, fui viendo al tipo de gente que había, la mayoría eran turistas, y sobre todo muchos alemanes e ingleses.
El paseo marítimo es interminable, lleno de tiendas, de terracitas, de heladerías... Si tienes que comprarle algún regalito a alguien, te recomiendo que lo hagas allí, porque es el lugar idóneo. Hay toda clase de regalos, están los típicos en los que pone "Salou", pero además hay objetos de lo más singulares... Lo mejor que todas las tiendas abren hasta muy tarde, no cierran antes de las doce y media de la noche, y sigue abierto a la hora de comer, con lo cual puedes ir de compras a casi cualquier hora del día (y de la noche).
Todos los bares cierran también muy tarde, así que después de cenar siempre puedes ir de compras y a tomar algo. A parte de las bebidas típicas: cervezas, refrescos, licores... hay zumos, batidos o helados de lo más variados, y todos muy ricos.
Por otra parte, hay una oficina de turismo y una estación de autobuses, para ir a Tarragona, Barcelona, Lleida o Gerona, entre otras. Me hizo mucha gracia el tren, porque es un paso a nivel en pleno centro de la ciudad. Me da un poco de mal rollo, y cada vez que he cruzado lo he hecho muy rápido, por si las moscas...
Y qué más contaros, que me lo pasé genial, hay montones de lugares para ir de marcha. De hecho el paseo marítimo está lleno de chavales y chavalas repartiendo pases para las discotecas y están muy bien montadas. Y bueno, la gente muy amable, siempre que preguntabas cualquier cosa te respondían con mucho gusto. La temperatura genial, 25 ó 26 grados, de ahí no subía, así que os lo podéis imaginar, nada comparado al calor de Madrid, por ejemplo.
Os dejo unas fotos para que conozcáis un poco la zona, a ver qué os parece.
Texto y fotos: Tania "Tanuka" Navarro
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