
El 29 de enero se publica Vidas, el nuevo álbum de Pedro Guerra. Han pasado casi cuatro años desde que el artista canario editó su último disco. Después el silencio. Por esto, la aparición de 14 nuevas canciones de uno de los autores más importantes de la música española de los últimos 15 años se puede calificar de acontecimiento necesario. Vidas significa el regreso de un artista emblemático desde que en 1994 comenzó a lanzar sus primeras canciones. Hagamos memoria.
Hace poco más de 13 años, Pedro Guerra (2-VI-66, Güímar, Tenerife) aterrizaba en Madrid. Llegaba desde las Islas Canarias con un buen puñado de canciones en la mochila, que ya cantaba desde los 16 años en fiestas y en locales de su tierra. Nada más llegar recibió el primer espaldarazo: Premio Ondas a la mejor canción del año 1994 por Contamíname, que Víctor Manuel y Ana Belén convirtieron en éxito superlativo. Al mismo tiempo, Joaquín Sabina publicó la canción Ruido, compuesta al alimón con el canario recién llegado. Cómplices (El marido de la peluquera) y Javier Álvarez (Amor en vena)también grabaron sus canciones aquel año. La aparición de Pedro Guerra, junto a otros colegas, significó la emergencia de una nueva generación de cantautores, palabra denostada durante más de una década, que volvió a poner sobre la mesa la conexión imaginativa entre música y poesía con planteamientos contemporáneos, conectando con una generación que esperaba sus canciones como agua de mayo.
En diciembre de 1994, Pedro Guerra grabó 17 de sus canciones durante un concierto en directo. Eran 17 joyas que llenaron su primer disco que se publicó a principios de 1995: Golosinas. El público que asistió a la grabación se sabía las canciones de memoria y las cantó con él, como lo había hecho tantas veces en clubes como el madrileño Libertad 8. Pedro Guerra encabezó una nueva generación de cantautores que se atrevió a reclamar un lugar propio, difuminado durante muchos años. Después de Golosinas llegaron álbumes como Tan cerca de mí (1997), Mararía (1998), Raíz (1999), Ofrenda (2000), Hijas de Eva (2002), Palabra en el aire, junto al poeta Ángel González(2003) y Bolsillos (2004). Una obra de primer nivel que ha dignificado durante más de una década la música española, salpicándola con magníficas canciones que ya se han grabado en el disco duro de nuestra memoria particular y que permanecerán para siempre en la historia de nuestra cultura popular.
Por todo esto cobra particular significación la publicación de Vidas, el nuevo álbum, de Pedro Guerra, que llega después de una larga temporada retiro y de silencio. “Creo que estaba cansado”, dice para explicar su temporal alejamiento. “Eran 10 años y ocho discos y necesitaba parar para tomar aire. Teníamos un proyecto familiar de paternidad y he estado en casa sin viajar, sin tener demasiada relación con la música, agotado por la intensidad de la dinámica disco-gira que roba el tiempo. Necesitaba esa oxigenación”.
Una oxigenación que, dada la íntima y vital relación de Pedro con la música y lejos de ser estéril, ha servido para engendrar las 14 canciones de Vidas. “Hace nueve meses volví a componer, a intentar escribir porque la vuelta fue dramática”, dice. “Me costó un poco, me sentía desengrasado y quería tener el tiempo necesario para hacer las cosas bien. En las letras no había ninguna idea previa e incluso pensé el título del disco en el estudio. Cuando salió Vidas todo cobró un sentido, un contenido”.
Vidas es Pedro Guerra en estado puro. La inspiración, la profundidad, la altura poética de los textos, la riqueza musical de las canciones alcanzan el nivel de sus mejores momentos, con la madurez y la claridad que da la experiencia. “Lo componía al mismo tiempo que lo iba maquetando y sabía que lo íbamos a grabar tocando todos en directo”. Por esto, Vidas es un álbum en el que prima la naturalidad, el sonido puro, la sencillez, la ausencia de lo superfluo. “Quizá sea el más coherente de todos los que he hecho, equiparable a Golosinas al tener la frescura de estar grabado tocando juntos y al mismo tiempo. Musicalmente tenía una idea clara del sonido. Con el tiempo creo que aspiro a hacer canciones al modo tradicional. Las letras vuelven a cierta intimidad, a la introspección. No hay compromiso social. He buscado la pureza y lo que me pide el cuerpo es hacer canciones lo más bonitas que pueda”.
Con la canción Quisiera saber como primer single (el vídeo se ha rodado en Cuba bajo la dirección de Tono Herrando), cierto sentido de la nostalgia recorre las canciones de Vidas. “Siempre existió esa melancolía, esa añoranza en mi música. Pienso en un mundo que ya no es y utilizo palabras que me dicen que ya no se oían. Hay algo de intentar rescatar lo que se echa de menos, aunque no desprecio el mundo actual. Me parece estupendo pero quizá haga falta cierto equilibrio”. Y aparecen canciones suaves que hablan de antiguos zaguanes y de puertas secretas (Íntimo), otras inspiradas en ritmos populares (Madurar el amor) a veces con preguntas sin respuestas (Quisiera saber), poéticos y emocionados aires con aromas caboverdianos (Se enamoró de un río) o portugueses (Corazón enfadado), temas de mayor balance rítmico (Jamás, Humo), músicas sinuosas inspiradas en noticias que se convierten en amores eternos (5.000 años), acercamientos al Brasil tan querido y recreado por Pedro (El pescador, Huellas), dos maravillosas perlas dedicadas a sus hijos (Lara y Cuando Pedro llegó), otra con nombre de pintor genial, dios y diablo al tiempo (Caravaggio), temas que podrían ser tangos argentinos o quizá chotis madrileños que hablan de tiempos pasados y mágicos (Casas antiguas)...
Son las canciones de Vidas, un álbum sereno, acústico, sencillo, inspirado, grabado con minuciosidad artesana junto a músicos que han acompañado a Pedro Guerra a lo largo de buena parte de su carrera. Ahí están Luis Fernández (piano y teclados), Marcelo Fuentes (bajo), Vicente Climent (batería) y Osvi Greco (guitarra), que han grabado casi en directo el álbum producido por Pedro Guerra (voz y guitarra) y Ángel Martos. Son 14 canciones que muestran a un artista sosegado, reflexivo, con un acorde puesto en el ayer y otro en el mañana, planeando por encima de tiempos, modas y estilos. Son 14 canciones con vocación intemporal que Pedro Guerra se detiene a comentar.
Huellas
“Podría resumir el espíritu del disco. Me gustaría que la gente se lo lleve a casa, lo escuche, lo disfrute y entre en una relación sentimental con las canciones. Creo que es algo que se está perdiendo y muchas de las letras hablan sobre lo perdido”.
Quisiera saber
“El estribillo puede salir por chacarera. A veces puedo partir de ideas, pero siempre suena a mí. Un ritmo que escuché a los saharauis y que si tocas encima una chacarera parece lo mismo, encaja perfectamente. A veces salen este tipo de conexiones. La canción se sumerge en el sentimiento como parte de la existencia, en preguntas que no tienen respuesta”.
5.000 años
“Nace de una noticia que leí en un periódico y que contaba el hallazgo de dos esqueletos abrazados. Quizá los enterraron así. Es lo más parecido al amor eterno”.
Se enamoró de un río
“No tiene otra intención que la de una canción poética, como si los ríos fuesen personas”.
El pescador
“Es una canción más cercana a la onda brasileña, inspirada en una frase de Tom Waits: “Componer es como ir a pescar”. Es una reconstrucción de esta idea”.
Casas antiguas
“Es una pequeña reflexión. A final de la vida, cuando se hace el recuento, las cosas que recordaremos serán flashes, memorias fugaces”.
Humo
“Comencé a jugar con la guitarra y salió una canción que es una reflexión sobre las cortinas de humo”.
Madurar el amor
“Una reflexión sobre la madurez del amor, también con una base de ritmos populares. Estaba grabada con guitarras y Osvi Greco metió el ukelele, aunque cuando se escucha parece un timple canario”.
Corazón enfadado
“Es un juego de palabras entre “fado” y “corazón enfadado” que huele a Cabo Verde. No es un fado, es un sentimiento en sí”.
Jamás
“Tiene algo de candombé, un ritmo popular uruguayo. La letra sale de una reflexión; entregamos nuestras mentes con demasiada facilidad”.
Íntimo
“Es una canción ligada a Jorge Luis Borges, que tenía esa añoranza del Buenos Aires que se perdió. Pensaba en eso, en aquella época de los zaguanes, en las casas antiguas, en las vidas paralelas de Bioy Casares, de Cortázar. Entras en un hotel y no pasa nada, pero en una casa antigua hay recuerdos de vidas fantásticas”.
Lara
“Está dedicada a nuestra hija mayor. La adolescencia”.
Caravaggio
“Dedicada al pintor, Dios y diablo al mismo tiempo. Se puede tener una gran sensibilidad artística y ser un hijo de puta redomado”.
Cuando Pedro llegó
“Canción para mi hijo, de cómo viví su embarazo”.
Estos son los apuntes de Pedro Guerra sobre Vidas. Es el regreso del artista canario, autor de muchas de las canciones más bellas y emblemáticas que se han publicado en España en las dos últimas décadas. Con la publicación de Vidasel 29 de enero, Pedro Guerra rompe un silencio de casi cuatro años, algo que agradecerán los amantes de las buenas canciones en particular y la música española en general. No están los tiempos para desperdiciar talentos con tal grado de inspiración. “Tengo claro en espacio en el que estoy y de ahí nace Vidas, un álbum que adquiere todo su sentido cuando se escucha de arriba a abajo” dice Pedro Guerra, que ya prepara su gira de presentación del álbum que comenzará el próximo 28 de febrero. “Estoy contentísimo y con muchas ganas, porque la haré con los músicos que han grabado el disco”, asegura. “Tengo la sensación de que van a ser conciertos magníficos y las antiguas canciones se adaptarán a este nuevo planteamiento”.
“Vidas que nos rozan, que se muestran, que respiran. Vidas en el limbo de las almas suspendidas”, canta Pedro Guerra en Casas antiguas, tema que ha inspirado el título del álbum. Vidas, lugares, personas, recuerdos, historias... Ensoñación y fantasía. Encantamiento. Gran música. Todo dentro de las 14 canciones de Vidas. De nuevo, Pedro Guerra.
Texto enviado por Sony-BMG Music.
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