
Muy buenas a todos después de este paréntesis de fiestas navideñas, regalos, turrones, tiempo libre, kilos de más, etc. Hace mucho que no escribo ningún artículo para la web y es que he estado bastante desconectada, haciendo mis cosillas y no he tenido tiempo para redactar. Pero eso sí, he salido y me he divertido mucho, por ejemplo en el concierto de Fito y los Fitipaldis.
Fue el 30 de diciembre el día que fui yo, aquí en Madrid, y a pesar que el día anterior se alcanzó el lleno absoluto, no cabía ni un alfiler. Una vez más, nuestro querido Fito demostró todo lo que vale junto a su inseparable banda. Yo ya había estado el año anterior, además recuerdo que fue el día 29, debe ser que le gusta acabar el año tocando y a mí me encanta verlo una y otra vez.
Empezó como siempre y acabó como nunca. Actuaron durante casi tres horas, ¡tres horas! Yo no me lo podía creer... Estuvo la primera gran parte de su show cantando de cara a sus músicos, es decir, de espalda al público, aunque nadie se explica por qué. Por otro lado hubo una pequeña sesión de brake dance llevada a cabo por uno de los hombres de Fito (como Los hombres de Paco, igual) y lo hizo genial, toda la gente aplaudió. Y tras 3 ó 4 pequeños descansos de dos minutillos cada uno, tocó mi canción preferida: “Soldadito marinero”. Que si es buena en el cd, aún mejor lo es en directo. Canta con el público durante no sé, 5 minutos, todo el rato repitiendo “después de un invierno malo, una mala primavera, dime por qué estás buscando una lágrima en la arena, después de un invierno malo...”. Lo mejor, no tengo palabras...
Y sin palabras parece ser que se quedó nuestro artista, al finalizar el concierto no pudo evitar emocionarse: decía adiós a su última gira. Los ojos se le llenaron de lágrimas y sus compañeros le abrazaron con gran ternura... fue muy emocionante. Todo el público coreaba “Fito, Fito, Fito...”, se me ponía la carne de gallina... no sé si habrá que esperar otra vez hasta el último fin de semana de este 2008 para volver a verlos actuar, pero de que iré, no cabe ninguna duda.
Texto y fotos: Tania “Tanuka” Navarro
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