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Mike Oldfield – Biografía y nuevo trabajo: Music of the Spheres

Un incansable espíritu creativo que simplemente no puede dejar de hacer música, Mike Oldfield ha sido durante cuatro décadas uno de los compositores de mayor talento y éxito de Gran Bretaña. Y de los músicos. Y los productores. Y los guitarristas. 

Imagen de Mike Oldfield

Nacido en 1953, Mike Oldfield se crió en Reading. El menor de tres hijos, empezó a tocar la guitarra acústica al ser un niño que no hacía fácilmente amigos de su propia edad. “Mi guitarra era mi voz”, dice en Changeling, su autobiografía publicada recientemente. “Mi modo de comunicarme”.

Inspirado inicialmente por guitarristas folk como Bert Jansch y John Renbourn, ahora los cita junto a intérpretes virtuosos de los mundos del flamenco (Paco Peña), la música clásica (Segovia, Julian Bream y John Williams) y los primeros tiempos del rock’n’roll (Hank Marvin). Al mismo tiempo, en su infancia se convirtió a la música clásica tras oír a Beethoven y Sibelius.

Pueden oírse todas estas influencias en los 24 álbumes que ha hecho en una carrera que se ha extendido durante 40 años.

El éxito le llegó cuando era aún un adolescente, con la legendaria grabación Tubular Bells, una pieza instrumental que combinaba la estructura clásica con una progresiva instrumentación rock y que vendió 16 millones de álbumes (y generó dos secuelas, una versión orquestal y una re-grabación).

Desde entonces la música de Oldfield ha abarcado las bandas sonoras (Los gritos del silencio) y el rock y el pop (Earth Moving), fue pionera de la world music (Ommadawn) y el new age (Incantations), la vanguardia (Amarok) y los juegos de ordenador (Tres LunasMaestro, unos  juegos diseñados por él mismo), música interactiva (The Songs Of Distant Earth) y un experimento extraordinario (Guitars), que utilizaba los instrumentos que dan título al disco para producir absolutamente todos los sonidos.

Al mismo tiempo, contrarrestaba su lado serio con una serie de novedosos singles de éxito, como Don Alfonso, In Dulci Jubilo, Portsmouth, Moonlight Shadow y una re-grabación de la sintonía de Blue Peter que incluía su característica y punzante guitarra eléctrica.

Tras actuar como aprendiz en clubes de folk desde los trece años, Mike formó un dúo folk con su hermana Sally a los catorce años y grabaron un álbum con el nombre Sallyangie. Mike formó luego otro dúo llamado Barefoot con su hermano Terry antes de unirse al grupo del antiguo cantante de Soft Machine, Kevin Ayers, The Whole World, a los dieciséis años, primero como guitarra bajo y más tarde como guitarra solista; un período que incluyó conciertos en vivo regularmente con Pink Floyd.

Mike apareció en dos de los álbumes a solo de Ayers y pasó varios períodos en la Sensational Alex Harvey Band y en la producción musical del West End de Hair al tiempo que trabajaba en sus propias composiciones en la habitación del norte de Londres a la que se mudó cuando se fue de casa.

Un ambicioso proyecto instrumental diferente a cualquier otro disco de la época, su cinta de demostración fue rechazada por todas las grandes compañías discográficas antes de atraer el interés de un joven vendedor de discos por correo llamado Richard Branson que esperaba poder crear su propio sello.

Grabado en siete días en The Manor en Oxfordshire, con el aún adolescente Mike tocando él mismo todos los instrumentos, Tubular Bells se publicó finalmente en 1973 como el primer lanzamiento del nuevo sello de Branson, Virgin Records. El álbum se mantuvo 279 semanas en la lista de éxitos del Reino Unido y se utilizó en la banda sonora de El exorcista.

Después de Tubular Bells Mike publicó otros dos álbumes instrumentales, el disco de sabor celta Hergest Ridge (inspirado por su nuevo hogar en la frontera galesa) y Ommadawn, en el que coqueteaba con influencias étnicas antes de que nadie hubiera acuñado el término “world music”, tras lo cual introdujo un fuerte elemento coral en su próximo trabajo, el álbum prototípico new age Incantations.

El punzante sonido de su guitarra eléctrica se convirtió en un sello de identidad, al igual que su destreza con la guitarra acústica de estilo clásico, demostrando el modo tan experto en que había absorbido esas primeras influencias.

En años posteriores ha seguido derribando barreras, absorbiendo e incorporando nuevas influencias sin perder de vista su propio sonido característico, siempre en búsqueda de algo nuevo.

¿Qué es, entonces, Mike Oldfield? ¿Compositor, músico, productor o ingeniero? Él se detiene antes de concluir que nada de todo ello: “Soy un técnico”, afirma. “Un técnico que tiene ideas y que las traduce en sonidos”.

‘MÚSICA DE LAS ESFERAS’ (Musica universalis) – Un antiguo concepto filosófico/matemático, que tiene su origen probablemente en Pitágoras, según el cual la música está relacionada con los movimientos del Sol, la Luna y los planetas.

Este concepto considera las proporciones en los movimientos de los cuerpos celestiales y la estructura de la naturaleza en general como una forma de música. Esta “música” no es literalmente audible, sino simplemente un concepto armónico y/o matemático.

Aunque los compases iniciales del nuevo álbum de Mike Oldfield, Music of the Spheres, suenen familiares a aquellos que recuerdan su legendaria grabación de los primeros años setenta (¿y quién no la recuerda?), el autor no tiene la intención de pedir disculpas por cualquier semejanza, intencional o no.

“Hago secuencias repetitivas para piano”, dice, resumiendo así su sonido característico. “Soy el hombre de la secuencia repetitiva para piano”.

Ciertamente lo es. Pero para millones de amantes de la música él es más conocido como el hombre de Tubular Bells. Y no quedarán decepcionados con su nuevo álbum, la primera composición verdaderamente “clásica” de una carrera que se ha extendido a lo largo de casi 40 años.

Grabado íntegramente por una orquesta en los Estudios Abbey Road, y con la presencia de invitados como el pianista Lang Lang y la estrella vocal Hayley Westenra, Music of the Spheres es a un tiempo un audaz alejamiento de las dos docenas de álbumes que lo precedieron y, sin embargo, una muestra identificable de inmediato del “Mike Oldfield clásico”.

Hablemos, por tanto, en primer lugar de las cosas importantes. “Estoy seguro de que todo el mundo va a escuchar y lo primero que van a decir es: ha puesto ahí una maldita campana tubular”, dice riéndose. “Pero hay un campanólogo en todas las orquestas, así que claro que tiene uno”.

Estupendo, entonces. Pero Music of the Spheres no es ningún Tubular Bells IV (aunque habría sido fácil llamarlo así). No se le puede preguntar a Mike que explique exactamente qué es: cree que la música más trascendente procede de un lugar superior.

Es el mismo lugar en que John Lennon decía encontrar su inspiración. Lennon describió en una ocasión cómo vivía esperando el momento en que sentía que era simplemente un canal para “la música de las esferas”, y que él se limitaba a transcribirla “como un médium”.

“He sentido algo así durante años”, afirma Oldfield. “Hay determinados momentos en que se trata realmente de sonar tan bien como sea posible: algo más grande que nuestra pequeña civilización y la totalidad de la creación, algo que es sagrado o casi divino. No sucede muy a menudo, pero cuando lo hace, merece ser descrita como música de las esferas”.

Es por todo ello por lo que Mike Oldfield siente que hay una fuerza exterior que lo guía en sus empeños musicales. “Soy un poco como una comadrona realmente”, bromea. “Intento llevar la música al mundo sin interponerme. Si estoy canalizándola adecuadamente, simplemente surge”.

Hablar de comadronas da lugar, inevitablemente, a hablar de la gestación del álbum. “Hace un par de años estaba preguntándome qué hacer a continuación”, reflexiona Oldfield. “Pensaba que había hecho todo lo que quería hacer. Estaba coqueteando con la idea de jubilarme. Entonces tuve la idea de hacer un gran álbum instrumental largo. Sabía que a algunos admiradores incondicionales les encantaría. Pero la idea de promoverlo y presentarlo en esta época y en este momento parecía simplemente algo retrógrado”.

Finalmente, Mike encontró la solución a su dilema. Decidió componer la música pero, en vez de tocarla él mismo –como ha hecho siempre desde Tubular Bells en 1973, cuando tocó todos los instrumentos, como es bien sabido le dejaría ese cometido a una orquesta.

El resultado es Music of the Spheres, 45 minutes de música que resumían todo lo que Oldfield ha pasado a significar para todos los aficionados a la música en una carrera que abarca géneros que van del ambient/new age (antes de que se hubiera acuñado ninguno de estos términos) o la world music (otro tanto), pasando por el pop novedoso a las bandas sonoras para el cine, la vanguardia, la electrónica y la música dance.

Dice que Music of the Spheres es lo contrario de su último álbum, Light And Shade, que era mitad chill-out, mitad energía de alto voltaje. “Esta vez pensé que en vez de utilizar guitarras eléctricas y la magia del estudio, íbamos a hacerlo con una verdadera orquesta clásica”, explica.

La orquestación ha sido arreglada por el compositor clásico vivo más popular de Gran Bretaña, Karl Jenkins, que aparece también en los créditos como coproductor del disco. Apenas habían decidido formar equipo cuando Oldfield fue informado por el galés de que habían coincidido anteriormente, cuando Karl –en aquella época aún un miembro de la banda experimental The Soft Machine- tocaba el oboe en una grabación televisiva en directo para la BBC de Tubular Bells en 1975.

Hoy la pareja trabaja de modos completamente diferentes: Mike instrumentando su música por medio de un programa informático llamado Logic, mientras que Karl, al igual que la mayoría de los músicos clásicos, utiliza un programa diferente llamado Sibelius para crear la notación musical. De alguna manera encontraron un modo de hacer que los dos métodos fueran compatibles.

El próximo paso para Oldfield era grabar todo el disco utilizando samples orquestales antes de pasárselo a Jenkins para que lo re-grabara con una orquesta de músicos clásicos en los Estudios Abbey Road. “En ocasiones”, confiesa Mike, que entraba y salía del estudio durante las grabaciones, “me emocionaba casi hasta las lágrimas por la belleza de la música”.

El último paso eran las mezclas: un proceso que Oldfield se toma más en serio que muchos de sus contemporáneos, y que puede alterar por completo el sonido de la música. “Mezclar es para mí tan importante como la escritura misma de las notas”, explica Mike. “Lo que grabamos en Abbey Road sería ahora casi irreconocible”.

Como suele suceder con Mike Oldfield, el resultado es difícil de clasificar. Es “clásico” con momentos que recuerdan a Sibelius y Holst, pero no es una sinfonía, y otras partes recuerdan más a Steve Reich y Philip Glass. Es un cambio de rumbo, pero contiene elementos familiares, fundamentalmente el estilo característico de la guitarra clásica de Mike. En otras ocasiones, especialmente en sus sorprendentes pasajes corales, tiene más en común con el propio repertorio de Karl.

Sea lo que sea, se trata de una colaboración que abre nuevos caminos para ambos hombres, y constituye un formidable añadido al rico y variado catálogo de Mike Oldfield, un enigma al que le guía la única filosofía de la firme determinación de permanecer fiel a su visión.

“La espiritualidad influye decididamente en mi música”, concluye. “Lo más importante es hacer música que refleje que somos parte del mundo natural, pero tenemos esta capacidad de ver otro lado de la existencia, el lado espiritual, y la elegancia de la naturaleza”.

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