Pues eso mismo me pregunto todos los días cuando tengo que atravesar la cafetería de la facultad y a parte del bonito olor a fritanga, me tengo que llevar puesto el aroma del tabaco. No lo entiendo. Pero esta será la guerra de nunca acabar: los fumadores quieren que se los respete pero los no fumadores también.
Yo desde aquí expongo la idea de que si un fumador quiere fumar, adelante, que lo haga. Si quiere jugar con su salud y aumentar los riesgos de muerte por cualquiera de las innumerables enfermedades relacionadas con tan extendida adicción, me parece estupendo. Lo que no puedo respetar es que pongan en peligro la salud de los demás. Al año muere mucha gente por cáncer de pulmón ¿y por qué? Por respirar el humo del tabaco de los fumadores.
Y muchos dirán: “pues no vayas a sitios donde se permite fumar”, y yo contesto: “¿entonces no tengo vida? ¿Acaso tengo que dejar de salir porque en los pubs y discos todo el mundo esté fumando y huela a tabaco desde la puerta? ¿O tengo que dejar de ir a la cafetería de la facultad, no sólo por el olor a fritanga, que es inevitable, sino por todos aquellos que fuman y fuman?”…
Cuando sacaron la ley antitabaco yo estaba feliz de la vida, porque pensaba que por fin podría entrar a todos los sitios donde antes la gente fumaba sin salir apestando a humo. Pero me he dado cuenta de que no, de que esta ley no ha servido para nada… Yo no digo que en todos los sitios prohíban fumar, lo que sí digo es que se habiliten zonas para determinada actividad, así habrá un poco de equidad y respeto para todo el mundo. Eso sí, en los lugares que sean demasiado pequeños para tal efecto, que se prohíba fumar, con todas las letras. Sería lo más conveniente…
Por un mundo sin humo por favor….
Texto: Tania Navarro
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